Hola amigos, queda menos de un mes para que empiece el 1º curso de especialización en arqueología en el castillo de Capilla, y creemos conveniente que antes de comenzar a explicaros nuestros avances en la excavación, conozcais la historia de este magnifico pueblo y su castillo. Hoy os explicaremos la historia de Capilla en la Edad Media. Esperamos que os resullte tan interesante como a nosotros.

A comienzos del siglo VIII, las luchas internas en el seno del reino visigodo provocarán una guerra civil que atraerá al emergente poder musulmán del norte de África. Como bien es sabido, en 711, Tariq, lugarteniente de Muza, desembarca en la Península y vence a Rodrigo en Guadalete, tras lo que se producirá la caída del reino visigodo y la fulgurante conquista de prácticamente todo su territorio.

Heredera de la Hispania romana y del reino visigodo, Emerita Augusta es la principal ciudad de la región, y como tal es tomada en 713 por Musa ibn Nusayr. Con ello toda la zona pasa a manos del nuevo poder. Comienza así la islamización de sus gentes. Primero, durante el emirato, de forma lenta y con mayor incidencia en las élites sociales, que ven en ello la posibilidad de conservar su estatus. Después, ya en el califato, de forma más acentuada y generalizada, lo que viene favorecido por el potencial cultural de los invasores y por la exención de impuestos a los fieles. Los cristianos que decidieron permanecer fieles a su fe no se librarán por ello de recibir las influencias de la nueva y pujante cultura islámica.

En palabras de Víctor Gibello (2002: 1115), “…a la llegada de los primeros contingentes musulmanes a la Península, ésta se encontraba articulada por una red de caminos y ciudades perfectamente definida. Así pues, en un primer momento tras la invasión, el nuevo modelo de estado y de sociedad se superpone al anterior aprovechando todas las ventajas de una infraestructura en relativo buen estado de conservación, especialmente en lo referido a los itinerarios principales”.

Capilla y su entorno, algo alejados de esas vías principales, ven asentarse a los primeros nuevos pobladores, beréberes, en el territorio que llamaron Fahs al-Ballut (Llano de las Bellotas) —que se corresponde con el valle de Los Pedroches (Córdoba)— y en el Monte de los bereberes Baranis, actuales sierras de Almadén y de Las Cabras. Se establece así una cora con centro administrativo en Gafiq (Belalcázar, Córdoba). Este enclave constituyó en época califal un nudo de comunicación en el que confluyeron las rutas que, procedentes de Córdoba y Sevilla, se dirigían hacia el norte (LÓPEZ, 2009: 73).

Una vista del castillo.

Tras la caída de los Omeyas y su califato, al-Andalus se divide en reinos de taifas. Capilla perteneció primero a la Taifa de Toledo, antigua capital del reino visigodo, después a la de Badajoz, que desde el siglo IX hereda la hegemonía emeritense, y por último a la de Sevilla, que será la capital almohade. Esta desmembración en pequeños reinos y la ofensiva cristiana por parte de Alfonso VI atraerán al imperio almorávide norteafricano, por entonces en expansión.

Según algunos autores, es precisamente durante el periodo de dominio almorávide en al-Andalus (1086-1147) cuando nace Capilla (RUIBAL, 1987: 30). A los almorávides atribuye Amador Ruibal, aunque sin referencias documentales, la construcción de la primitiva alcazaba, a la que según este autor corresponden los restos de fortificación islámica visibles en el entorno del actual castillo.

Tras la toma de Toledo (1085), y sobre todo a raíz de la conquista de Calatrava por Alfonso VII (1147), los ataques cristianos sobre el territorio de Capilla aumentarán notablemente su frecuencia e intensidad. El propio Alfonso VII tomará plazas tan importantes para la defensa de la zona como Santa Eufemia y Pedroche, aunque estas últimas volvieron poco después a manos de los musulmanes. Más tarde serán los caballeros calatravos, en una nueva estrategia incentivada por el rey, los que ejerzan presión sobre Sierra Morena, provocando que la población busque refugio en las fortalezas más próximas.

La entrada de los almohades en al-Andalus supuso nuevos cambios estratégicos, y un renovado impulso en la defensa del territorio del Islam andalusí. Desde su nueva capital, establecida en Sevilla, los almohades recuperaron parte del terreno perdido por sus predecesores. El avance cristiano se frena drásticamente, sobre todo a raíz de la derrota de Alfonso VIII en la batalla de Alarcos (1195). En el territorio de Capilla, sin embargo, se produce una vuelta a las presiones por parte de los ejércitos calatravos desde el este, y de los del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, desde el norte (RUIBAL, 1987: 21). En poco tiempo, el pulso militar entre cristianos y musulmanes da un nuevo vuelco que culmina con la victoria de Alfonso VIII y sus aliados en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). El poder almohade decae bruscamente y se produce la compartimentación del reino en unas nuevas taifas. Esta vez Capilla cae directamente en la órbita de la taifa de Sevilla, con Abu-l-Ala al frente, a cuyo territorio pertenecerá hasta 1224, año en que pasa a dominio de la taifa de Baeza.

Los conflictos internos, la disgregación de los territorios y el empuje norteño provocan que al-Bayasí, rey de Baeza, se convierta en vasallo de Fernando III a partir de 1225. Con apoyo cristiano, el baezano conquista Córdoba y toma prisionero al hermano del rey cordobés. En virtud de los acuerdos tomados previamente entre ambos, Fernando III exigió en Andújar al rey de Baeza la entrega de varias plazas, entre las que se encontraba Capilla. Al-Bayasí accedió al requerimiento del rey castellano. Sin embargo, cuando las tropas cristianas llegaron a la fortaleza, sus habitantes se negaron a entregarla, lo que provocó el comienzo de un largo asedio. Los habitantes de Capilla lograron resistir gracias en parte a la marcha de un sector del ejército castellano hacia otros conflictos en el norte. Entre los sitiadores destacaron algunos caballeros templarios, que consiguieron tomar la plaza para perderla inmediatamente después. La rendición definitiva de Capilla no se produjo hasta 1226, en que cedió ante la imposibilidad de recibir ayuda exterior y ante el castigo de las máquinas de asedio y de las torres de asalto empleadas por las tropas de Fernando III (Crónica…, III B, 50, ed. 1999: 82). Este episodio bélico concreto aparece representado en las miniaturas que ilustran la cantiga 256 de Alfonso X el Sabio (LÓPEZ, 2009: 78-80).

Fragmento de la cantiga del asedio a Capilla.

Según la Crónica Latina de los Reyes de Castilla, tras la toma de Capilla, Fernando III consintió que sus habitantes salieran de la población con sus bienes muebles y fueran puestos a salvo en el castillo de Gahet (Belalcázar), que permanecerá como núcleo de resistencia andalusí durante algún tiempo (Crónica…, III B, 50, ed. 1999: 82). La antigua mezquita de Capilla fue purificada y bendecida por el arzobispo de Toledo, y dedicada a Nuestro Señor Jesucristo, y se celebró misa en ella.

Tras la conquista castellana, el castillo de Capilla fue dotado de nuevos efectivos que procedieron a la reparación de los importantes desperfectos causados por el prolongado castigo de las máquinas de guerra.

El 9 de septiembre de 1236, Fernando III concedió a la Orden del Temple, con Esteban de Bellomonte al frente, el señorío y la villa de Capilla con todo su término, que englobaba sitios como los actuales Garlitos, Baterno, Risco, Peñalsordo y Zarza-Capilla, además de la propia población y término de Capilla, con una extensión total de alrededor de 516 km². Premiaba con ello la labor de los templarios en la lucha contra el Islam junto a santiaguistas, calatravos y caballeros de la Orden de Alcántara. En diciembre de 1236, a la donación de Capilla se añadió la de la vecina fortaleza de Almorchón, que vino a completar el señorío templario constituido en torno a Capilla. Desde entonces, el de Capilla fue el segundo señorío más importante de todos los de la Orden del Temple en cuanto a extensión, que podemos cifrar en torno a los 1000 km2 (MARTÍNEZ DÍEZ: 2001, 99-100).

Vista del castillo desde el pueblo.

De la vida de esta encomienda entre 1236 y 1307 no tenemos ninguna noticia directa. Tanto es así que en 1310, reducida la presencia musulmana al reino de Granada y a pesar de la importancia militar de Capilla, en esta localidad residía únicamente el comendador con un sirviente, que en opinión de Gonzalo Martínez Díez (2001: 170) era un templario no caballero, sino sargento. De este comendador, de nombre Juan Miguel, nos dice la mencionada convocatoria que había abandonado la Orden del Temple junto con su sirviente: “et frate Johanni Michaelis comendatori bayliue de Capella, qui exiuit ipsam ordinem, et servienti suo, qui cum eodem exivit” (MARTÍNEZ DÍEZ: 2001, 170).

La disolución de la Orden del Temple en 1312 dio lugar a que las órdenes y concejos vecinos se disputasen sus extensos territorios, ocupados inicialmente, aunque de manera ilegal, por la Orden de Calatrava. El 15 de Julio de 1309, el rey Fernando IV donó la antigua encomienda templaria de Capilla a la Orden de Alcántara, que la devolvió de nuevo al rey en 1320 —en este caso a Alfonso XI—. Fue precisamente este último monarca quien, en 1344, la otorgó junto con Valdemoro y Bayona al concejo toledano a cambio de Puebla de Alcocer, Herrera y Alcocerejo.

Con esta permuta se inició un largo periodo de litigios, ya que la encomienda de Capilla había sido también entregada a Alfonso Fernández Coronel, señor de Montalbán. A la muerte de éste en 1352, Capilla volvió al realengo hasta que, en 1370, Enrique II la donó a su Justicia Mayor, Juan Núñez de Villazán. Este último, en 1382, la vendió al Camarero del Rey, Diego López de Estúñiga. Ya en poder de los Zúñiga, Duques de Béjar, el castillo de Capilla será objeto de importantes transformaciones, a las que probablemente se debe el aspecto actual del recinto superior (RUIBAL, 1987: 24). A finales del siglo XV, y gracias a la creación de diversos lazos familiares entre los Zúñiga y los Guzmán, se reúne en la persona de Francisco de Zúñiga y Guzmán un enorme territorio de casi 4000 km², que permanecerá en poder de la familia hasta 1777, fecha en que pasa a manos de la Casa de Osuna.

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