La historia  de Casarrubios del Monte, en el norte de la provincia de Toledo, está jalonada de  hechos destacados. Su origen se debe al asentamiento, en el siglo XII, de gentes norteñas (Rubios) tras la conquista de Toledo. Fue cabeza del sexmo de Casarrubios, de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia y en el siglo XIV recibe el título de Villa. En septiembre de 1468, estando Enrique IV en la villa, proclama heredera a su hila Isabel (“La Católica”). Su ubicación en el camino real de Portugal fue muy importante para su desarrollo. A principios del siglo XVII, en el mes de noviembre de 1619, Casarrubios acoge al rey Felipe III, quien de vuelta de Portugal cayó gravemente enfermo, por lo que durante su convalecencia la Corte estuvo en la localidad.

Fruto de esta rica Historia es el destacado patrimonio histórico y arqueológico con que cuenta: palacios medievales, conventos, iglesias, urbanismo… y por encima de todos ellos el castillo medieval, una interesantísima fortificación que actualmente se encuentra en proceso de restauración. Fue construido en el siglo XIV, su fábrica es de ladrillo y presenta destacados elementos defensivos de adaptación al uso de artillería a finales de la Edad Media. La riqueza patrimonial del municipio, tanto en sus edificios como el oculto en el subsuelo, motivó la realización de una Evaluación patrimonial de un inmueble en la calle Santa María por la empresa Baraka Arqueólogos.

El edificio estudiado está actualmente dividido en varias propiedades. Una de ellas, ante su próxima rehabilitación para uso residencial, necesitó del mencionado informe arqueológico para la identificación de los elementos originales y los añadidos posteriores así como conocer su origen y evolución en el tiempo. Gracias al estudio de campo realizado por la empresa de Arqueología Baraka, y en base también a la bibliografía existente, se pudo comprobar que dicho edificio es un destacado inmueble de la Edad Moderna, posiblemente del siglo XVII. Y que su función original, lejos de la residencial, pudo ser la de posada. Estos establecimientos, emplazados en localidades de las vías principales, eran utilizados por las gentes de la Edad Moderna para alojarse y alimentarse en sus viajes por la geografía de la España de aquella época.

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